Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas

29.12.09

::: Raúl Perrone ::: “Todos mis films son un gran acto cotidiano” :::



Por Agustina Guiraud

En una sala de la Casa de la Cultura de Ituzaingó, 30 personas aproximadamente observan la pantalla con atención. Luego de la proyección del corto realizado hace instantes, in situ, filmado, montado y editado en simultáneo, se abre el debate y las críticas. Raúl Perrone toma la palabra y acto seguido, da el cierre a la última clase del año del Taller Municipal de Cine, junto con el anuncio de la proyección de los cortos finales el sábado 28 en el Auditoriun La Torcaza (en Ituzaingó, por supuesto).


La charla continúa en un bar donde acostumbra a ir con el grupo de alumnos luego de cada clase: “El bar te permite otra aproximación, poder charlar”. Este director de culto del cine independiente, brinda cada jueves y sábados un taller gratuito de cine desde hace 8 años, donde comparte sus experiencia y la visión que tiene del séptimo arte, “hay una proyección del se puede, no hay que tener un palo para hacer una película, tenés que tener ideas, ganas”. Por otro lado, exalta la práctica sobre la teoría y recursos, y hace gran hincapié en el estímulo a los alumnos: “Yo me preocupo en enseñarles que pueden, les digo, miren yo a los 18 años cuando arranqué con el super 8, si hubiera tenido un lugar o alguien que me dijera: `flaco, mirá se puede hacer esto´, hubiera sido un mejor tipo, hubiera hecho mucho más de lo que hice solo. Trato de darles mucha motivación”.

Las películas de El Perro se caracterizan por un realismo poético, sumado a la estética del formato de video (o como en La navidad de Ofelia y Galván, que está filmada con una cámara de fotos digital), los planos y la riqueza de los personajes y la historia. “Soy un cronista de la vida. No un protagonista, lo que tengo son ideas. Creo que hay algunas películas que está bueno que te

sigan funcionando en la cabeza después que la viste. Que se yo, a mi Harry Potter… por ahí digo bueno, que bueno… pero salís del cine y te tomás una cerveza y te olvidás de la película”.

Los films más conocidos de Perrone fueron la trilogía de Labios de churrasco (1994), Graciadió (1997) y 5 pal` peso (1998), donde narra la vida de unos jóvenes de Ituzaingó.


"Una vez uno me dijo algo muy groso: loco, vos no sos careta, y yo creo que eso vale”. Cuenta que luego de ellas comenzó a conformarse un círculo de fieles seguidores y menciona que la clave es “que crean lo que vos decís, ese es el mejor patrimonio. Yo hice la trilogía cuando tenía 38”.


Otra característica típica es su capacidad de desarrollar una película a partir de un disparador impensado. En alusión a La mecha (2003), ironiza: “¿Cómo voy a hacer una película con un viejo que busca una mecha, ¿entendés? otro tipo no ve una película ahí”. Sin embargo, la cotidianeidad y los hechos aparentemente sin sentido son muy bien aprovechados para contar historias de otra manera. “Eric Rohmer en su época de escritor que dijo algo así: las películas son el único medio que enaltece a los actos cotidianos y no los hace ordinarios ni nada, al contrario, los eleva a una categoría como ningún otro arte lo puede hacer”. Perrone cuenta que esa misma frase es la que le dio el título a su próxima película a estrenar en el BAFICI 2010, Los actos cotidianos: “Ahí dije ¡guau! porque en realidad, todos mis films son un gran acto cotidiano, los pibes que se juntan en la esquina a tomarcerveza, las minitas hablando en una cama de los tipos... Lo que pasa es que dejan de ser cotidianos porque están poetizados de alguna manera”. Artesanal, independiente, El Perro brinda una caricatura realista y fuera de serie del barrio y sus personajes, con pinceladas que reflejan una sociedad en decadencia que invita a pensar sin pasar por el sensacionalismo burdo.


:::Transmitir un legado

“Para mí el cine es la práctica sobre la teoría. Creo que la teoría es una pedorrada, que está buena hasta ahí, pero si vos no hacés, no te equivocás, si no te equivocás no aprendés.”


Además de disfrutar del taller y de encontrar a parte de su staff en el mismo, Perrone brinda herramientas valiosísimas para cualquier aprendiz de cine, tanto a nivel profesional, como a nivel personal: “Acá yo formo gente, entonces lo que hacés es aprender a trabajar sin miedo. El mayor problema que tenemos somos nosotros mismos, nos boicoteamos, entonces si yo te conecto pilas o te hago creer más en vos de los que vos creés”. Cuenta que considera fundamental estar continuamente con proyectos haciendo cosas por llevarlos a cabo, no quedarse en las ideas nomás. “Lo que tiene de bueno esto es que te genera una mística que es lo que a mí me interesa. Lo que percibís es como mucha adrenalina de laburo y me gusta mucho que los pibes encuentren el camino”.


Como maestro, transmite una prolijidad que no deja librado detalle al azar a la hora de contar una historia. “Les digo que aunque sea un ejercicio , traten de contar algo,no es que “pongo la cámara acá arriba porque queda linda”, no, ponela ahí arriba y contame por qué la pusiste. A mí me parece que hay como sueños compartidos, no sé, está bueno, no? Que la gente tenga deseos. Una vez me dijo un amigo que los deseos, lo único que tienende malo es que se cumplen entonces hay que tener deseos,¿no?”


::: Querer es poder

Según relata, fue hacia los `80 cuando repuntó su pasión por el cine. Luego de dedicarse varios años a la ilustración gráfica, el Perro vió en el formato de video (VHS), una forma de plasmar sus ideas en películas.

“Sabía que se venía otra cosa que no sabía cual era. Algunos dicen que soy un visionario, aunque me parece demasiado la palabra. No era como ahora que existe el digital, cámara de fotos, celulares: o lo hacías en 35 o no filmabas, todo una pedorrada a nivel institución, y yo caprichosamente o por prepotencia de laburo, como decía Roberto Arlt, hacía películas en video.” Diferenciándose de cualquier dogma o encasillamiento, dice:

“Hago películas, no hago video arte, hago películas y lo cuento con lo que puedo. Hoy queda más sofisticado decir `las grabo en digital´, bueno, me cago, es lo mismo…A mí me gusta como las mujeres se ven sin maquillaje”.


Auténtico y rebelde, Raúl Perrone demuestra que no todo el cine nacional más de lo mismo, y que no hace falta vender el alma para llegar donde uno quiere.



**************

+ Más sobre El Perro...


Raúl Perrone es un referente del cine independiente. Sus obras se caracterizaron desde el principio por romper con las estructuras: fue uno de los pioneros en hacer cine en VHS. Uno de los puntos de su decálogo, su manifiesto- guía es, justamente, “cagarse en el formato”, entre otras recomendaciones, como: filmar con una sóla cámara, mucho en exteriores para ahorrar luz, con un equipo no superior a las 8 personas; rodajes de no más de 8 días; tirar una toma o dos; trabajar con músicos de rock y algunos vecinos.


Director de culto, el Perro, mezcla el barrio con una pasión por experimentar con la estética poética de los planos, marca un estilo. Artesanal y minimalista, con cada propuesta busca reflejar la otra cara de la vida cotidiana. Algunas de sus películas: la trilogía antes mencionada, Chamuyando (1993), Zapada, una comedia beat (1998), Peluca y marisita (2001), La mecha (2003), Ocho años después (2005), Canadá (2007), Bonus track y 180 grados (2009).


En su carrera se destacan, la Mención honoraria en el Festival de cine de Buenos Aires, por Late un corazón, (BAFICI 2002); el Premio Especial del jurado del Festival Internacional de Cine de Friburgo en Suiza, por La mecha (2004), que además participó en los festivales de Montreal, San Sebastián, Bélgica, San Diego, Toulouse; el Premio al Mejor Director de la "Selección Oficial Argentina", en el Festival de cine de Buenos Aires, por Canadá (BAFICI 2007). Recientemente se exhibió Bonus Track en la 5ta edición del MARFICI, y dentro del Festival Internacional de Cinema de Brasilia XI FICBRASÍLIA (2009). Se prepara para el año que viene, una muestra con 20 de sus películas en el MALBA.


Punk is (not?) dead: Unidos o Dominados

Por Julieta Colacito
:::
En la segunda edición del Festival Cinzano InEdit se presentó el documental PUNK NOT DEAD, de la directora y productora Susan Dynner.
En la sala llena del Atlas Recoleta, Walas disparó una presentación con ánimo de polémica: el punk está muerto, dijo, ya se los habíamos anticipado con el tema de Massacre Palestina en el 87. Los espectadores le contestaron, a los gritos, que todo lo contrario. Walas -que c
ontaba con la ventaja de haber visto el largo antes, y también de haber sido un poco vapuleado como frontman antes- no pidió disculpas.
Los mismos espectadores, hicieron después (hicimos) toda una declaración de distancia con respecto a lo que supuestamente íbamos a ver en pantalla cuando, a la media hora de haber arrancado dos veces el film en inglés sin subtítulos, no pasaron de algunos silbidos y quejas desde sus asientos. La película continuaría todo su metraje sin traducción. Walas no podría hab
er buscado una escena mejor para convalidar su punto de vista.

:::
Punk´s not dead es un docuemntal de 2008 que busca demostrar que, a pesar de la interacción con el sector comercial y de la absorción mainstream de su estética -y como dogmáticamente su título lo indica- el punk no ha muerto.
Tiene, para esto, dos respuestas y, por esto, dos problema
s.
Para empezar, su gran problema es el punk mismo: un movimiento surgido de la reacción, violento, intempestivo, antiprogramático a excepción del Do It Yourself, y aún más complicado por la propuesta aquella de vivir rápido y morir joven. Si está vivo o muer
to parece dejar lugar acá para una pregunta más polémica: si vive, en qué condiciones.
Es que en esta película, la respuesta parece bifurcarse entre los que "se incorporaron al sistema" pero se siguen /los siguen etiquetando como alguna variante híbrida del punk, y los otros, que permanecen lo más ajenos que pueden y siguen haciendo giras como hace veinte años, acompañados de esposa e hijos.
El otro pecado del film es una mirada demasiado centrada en la escena punk de las universidades de los Estados Unidos. Además, dedica una importante porción de metraje al cooptadísimo punk de principios de los noventa- The Offspring, Green Day, Nirvana (?), Sum41-; bandas con las que, dato aparte, mi generación tiene el problema de haberlas conocido consagradas via M
TV Awards.
Resulta una lástima que en esa elección se pierda la oportunidad de expandir la mirada, de bucear por esa veta punk en otras latitudes, cuya mugre y furia son hoy t
al vez más cercanas a las condiciones en las que donde surgió el punk -origen del que no reniega esa presentación prometedora en la que la directora contrasta la escena subterránea londinense con el discurso de su working class en plena recesión thatcherista.
No por nada explicaban los Ramones en un -este sí- conmovedor y genial documental como es End of the Century que su música le llegaba más a los chicos del tercer mundo porque no había como el día a día de ellos para entender qué era el no future.
En esa división se diluye el documental, que se queda con la cáscara de una polémica al que Massacre le contesta con furia contundente veinte años atrás.

:::
Una cuestión soslayada, pero que podría estallar en discusiones harto más interesantes que determinar el estado del paciente, sería por ejemplo, intentar una respuesta a qué es el punk. Una forma de pararse frente a la vida más que un inventario de bandas, un discurso, una ética, un estilo más que un género, una mentalidad más que una etiqueta en una batea, todas las anteriores, ninguna de las anteriores. Subimos la apuesta: qué es el punk hoy, en un contexto que como anticipaba Massacre, se apropia del gesto de la rebelión y la convierte en disco es cultura, en un arsenal de la Bond Street, en música de fondo para el baile en el caño.
También así, la glorificación de esas bandas eternas como Social Distortion o Stiff Little Fingers que aparecen en pantalla con el sólo mérito de haber permanecido en la ruta tres décadas se acercaría más a lo que los moviliza a seguir adelante y un poco menos a la aproximación nostálgica que hace Susan.
Incluso, en esa línea podría tener cabida la afirmación de uno de los músicos que dice que el punk antes era rebelarse, y ahora divertirse, o a la misma explicación de que no hay nada más punk para algunos que ganar dinero.
Preguntarse qué es el punk no solamente sería excluir la posibilidad del velatorio a cajón abierto que parece por momentos este film, seguramente empedrado de buenas intenciones. Sería proponer una pregunta que puede haber quedado por decisión misma de la directora fuera de lo planeado acá, pero que obliga a otra mirada, expulsa los fundamentalismos y se aleja del status quo.
Una pregunta, sin duda, mucho más punk.

::: Style Wars :::

Por Julieta Colacito

Style Wars es otro de los documentales que se presentó en el festival que auspició Cinzano. En la sala del Atlas Santa Fé, unas pocas decenas de espectadores tuvieron la oportunidad de ver esta película que recorre el surgimiento del graffiti a comienzos de los ochenta, en los costados de los trenes que cruzan Nueva York.

Con una aproximación casi de estudio sociológico al tema, y una narración cuidadosa y detallista, el documental de Tony Silver y Henry Chalfant no deja área sin revisar: desde la iniciación de los graffiteros, las reglas de camaradería y las internas entre grupos, cómo consiguen los materiales, cómo llevan a cabo la realización de los gráficos, la elección del lugar de la obra, los desafíos de la profesión ( riesgos físicos, con las autoridades, con los padres ), hasta sus objetivos, su futuro, el anonimato y la firma, la inserción en el mundo del Arte con mayúsculas, las campañas de prensa en su contra.

La película ofrece un panorama de época que comienza por dividir el fenómeno en tres: considera el rap como la oralidad del nuevo movimiento, el graffiti como la palabra escrita y el break dance, su expresión corporal. Es así que el director explaya con imágenes de los gráficos en los ferrocarriles y en las paredes -prácticamente, un archivo de recuperación histórica, ya que la mayoría de ellos fueron borrados-, de la mano de la música que los acompañaba a hacerlos y exitosamente puntuado por testimonios en primera persona.

Las guerras de estilo a las que hace mención el título son dos. Por un lado, entre los mismos graffiteros, por territorio, estilo, generaciones.
Por otro, quizás la más interesante, la "guerrilla" contra los alcaldes y policías neoyorkinos que despreciaban los graffitis por motivos estéticos y económicos (y que pusieron en práctica acciones hasta el absurdo del alambre de púas para evitar que los jóvenes pasaran a los depósitos a pintar los trenes). Historia del surgimiento de un movimiento popular y contra cultural, el relato se enriquece con los testimonios de las autoridades a la hora de hablar de esta disputa por el espacio público y por un modelo de ciudad. Style Wars retoma, con gran calidad, el momento y el lugar exactos para comprender la génesis de un fenómeno que transita entre los andenes, las huidas de la policía, las galerías de arte y la gráfica publicitaria de los últimos veinte años. Y resulta interesante, entonces, tanto para entendidos en el tema (sea este arte, ciudad, trasgresión, política) como para recién llegados.